DRAKHTHAR

El Aliento del Norte · Segunda Era · Kaer-Dur
Guardián de los vientos helados. No conoce la ira, pero su aliento puede congelar reinos enteros.
Entre los trece dragones guardianes del continente, Frost es el más joven. También el más estable. Donde otros guardianes portan el peso de sus sellos con tensión visible, Frost lo lleva como lleva el glaciar el frío: de forma natural, sin esfuerzo aparente, como si el peso fuera parte de él y no algo impuesto.
Su escamas son cristalinas, azul profundo, con venas de hielo que brillan cuando el frío aumenta. Sus ojos tienen el color del cielo en el punto más alto de una tormenta de nieve. No inspira miedo de la misma forma que Ignar. Inspira algo diferente: la certeza de que hay cosas en el mundo que no se pueden forzar ni negociar.
«El hielo no necesita amenazar. Solo necesita ser hielo.»
Frost y Sergail llevan treinta años juntos. En el continente de Drakhthar, eso no es solo tiempo — es una historia completa que nadie ha contado todavía. Cómo se encontraron, cómo Sergail se ganó la confianza del dragón más sereno del continente, qué han visto juntos en esos tres décadas sobre el glaciar de Kaer-Dur.
El Libro II empieza cuando ese vínculo se pone a prueba de una forma que ninguno de los dos anticipó.
Frost no vive en Kaer-Dur. Es parte de Kaer-Dur. El glaciar de Aethon, los vientos del norte, el silencio que tiene peso en esa región — todo lleva su marca, aunque la mayoría de los habitantes no lo sepan. Lo sienten. La diferencia entre saber y sentir es, en Kaer-Dur, la diferencia entre los que han estado cerca del dragón y los que no.